Existe un número creciente de personas sensibilizadas con la idea de caminar hacia una sociedad diferente, más justa, solidaria y humana, que intentan hacerla realidad a través de su presencia y trabajo en diferentes ámbitos, y que perciben que uno de los medios con que cuentan para realizar esta transformación, que es su ahorro, es utilizado precisamente para reforzar y consolidar valores de un modelo social, económico y cultural contrapuesto e incompatible con esta idea de transformación.

    En la actualidad existe una amplia oferta de créditos y prestamos. Sin embargo, los criterios de concesión de esos créditos suelen basarse principalmente en la existencia de garantías propias o ajenas (avales), con lo que se hace buena en muchos casos la máxima "Los bancos sólo dan dinero a quién demuestra que no lo necesita".

    Por lo que se refiere a la financiación de proyectos o empresas de economía social, la utilización de estos criterios por parte de las entidades financieras funciona como una barrera infranqueable para una serie de promotores y emprendedores que por su propia situación (iniciativas de inserción social, creación de autoempleo, etc.) o por la naturaleza de sus proyectos (actividades alternativas, innovadoras o sin ánimo de lucro) carecen de recursos iniciales.

    Algunos de los promotores de estas reflexiones y experiencias hemos visto la conveniencia de compartir los resultados, tanto positivos como negativos, de las mismas, y de poner en funcionamiento un espacio común que, respetando la especificidad propia de cada uno, permita rentabilizar estos resultados obtenidos y tener unos ámbitos de incidencia superiores.

    En este sentido, estos son algunos de nuestros principios básicos:

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El-a ahorrrador-a tiene derecho a saber de qué modo se está utilizando su dinero, qué proyectos, ideas o empresas se están financiando con él.

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Los recursos económicos deben de utilizarse con un provecho social, creando empleo, ayudando a la inserción laboral de personas excluidas, proveyendo de productos o servicios de utilidad social, apoyando procesos productivos limpios, etc.

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Las entidades implicadas en fórmulas financieras alternativas no deben centrarse únicamente en la recuperación de las cantidades prestadas o invertidas, sino también realizar labores de apoyo en la medida de sus posibilidades.

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Los recursos económicos deben invertirse en proyectos viables, de manera que no se incurra en perdidas que defrauden las expectativas de los ahorradores-as o mermen la capacidad de reutilización de tales recursos.

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Optamos , en definitiva, por una gestión financiera que no persiga fines lucrativos, sino que manifieste una decidida vocación social.