| Existe un
número creciente de personas sensibilizadas con la idea de caminar hacia una sociedad
diferente, más justa, solidaria y humana, que intentan hacerla realidad a través de su
presencia y trabajo en diferentes ámbitos, y que perciben que uno de los medios con que
cuentan para realizar esta transformación, que es su ahorro, es utilizado precisamente
para reforzar y consolidar valores de un modelo social, económico y cultural contrapuesto
e incompatible con esta idea de transformación. En la actualidad existe una amplia oferta de créditos y prestamos. Sin embargo, los criterios de concesión de esos créditos suelen basarse principalmente en la existencia de garantías propias o ajenas (avales), con lo que se hace buena en muchos casos la máxima "Los bancos sólo dan dinero a quién demuestra que no lo necesita". Por lo que se refiere a la financiación de proyectos o empresas de economía social, la utilización de estos criterios por parte de las entidades financieras funciona como una barrera infranqueable para una serie de promotores y emprendedores que por su propia situación (iniciativas de inserción social, creación de autoempleo, etc.) o por la naturaleza de sus proyectos (actividades alternativas, innovadoras o sin ánimo de lucro) carecen de recursos iniciales. Algunos de los promotores de estas reflexiones y experiencias hemos visto la conveniencia de compartir los resultados, tanto positivos como negativos, de las mismas, y de poner en funcionamiento un espacio común que, respetando la especificidad propia de cada uno, permita rentabilizar estos resultados obtenidos y tener unos ámbitos de incidencia superiores. En este sentido, estos son algunos de nuestros principios básicos:
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